¿Es Venezuela una sociedad consumista?

200142266-001“Sí”, debe ser el primer pensamiento que se le vino a la mente a cada lector, y sí, opino lo mismo que ustedes, sólo que hay algunos puntos que desarrollar alrededor de esta idea.No todo es culpa del ciudadano, mucho tiene que ver con los incentivos que han sido creados en las últimas décadas y que se enfatizaron en esta última.

Para nadie es un secreto que al venezolano le gusta “lo último y lo mejor” que pueda comprarse. No importa el estrato social, el tener un buen estatus es buscado por muchos venezolanos, estatus éste que va desde la última camioneta que salió en el mercado para las personas de clase media-media alta, hasta el recién salido modelo de celular para las clases un poco más bajas. Vivimos en una sociedad en la que te pueden mirar raro si no tienes un Blackberry, un iPhone o un iPad, y todo se debe a esa característica (quizás excesiva) de cierta extroversión, de actualidad, de modernidad que está en los venezolanos.

Un podría pensar que dentro de un modelo denominado socialista esa propensión al consumo haya bajado, pero si analizamos las cifras de Consumo Privado nos damos cuenta que ha pasado todo lo contrario. A comienzos de 1998 el Consumo Privado representaba cerca del 50% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB), esa relación subió hasta un 70% para el segundo trimestre del presente año. Sí, el Consumo Privado representa más de 2/3 de nuestro PIB, perfil similar a la que mediáticamente se conoce como una de las sociedades más consumistas del mundo: la de EEUU.

Hay múltiples razones que pudieron haber influido o que determinan esta peculiaridad económica. Una de ellas puede ser la persistente presencia de tasas reales de ahorro negativas, que en español quiere decir, que la tasa que nos pagan los bancos por dejarles nuestro dinero es menor a la tasa de incremento de los precios de los bienes y servicios que compramos. A esto es lo que nos referimos con pérdida del poder de compra. Pensemos cuáles son las opciones que nos quedan a los ciudadanos en una situación como ésta. La primera de ellas es convertir nuestros BsF ahorrados a una moneda que no pierda tanto valor, y la segunda, gastarnos ese dinero antes de que la inflación haga que mi dinero rinda menos. La gran mayoría de los venezolanos no pueden acceder a la primera de las opciones, así que nuestra propensión al consumo se debe, en parte, a la pérdida progresiva del poder de compra de nuestros ahorros e ingresos.

Tampoco extraña que Venezuela sea unos países de América Latina cuyos hogares ahorran menos en relación a sus ingresos. El dinero en Venezuela viene siendo como una papá caliente de la que nos queremos deshacer rápidamente, así sea comprando cosas que realmente no necesitamos. Esto debe cambiar y será un proceso lento, tan lento como la recuperación de la confianza en un sistema que nos ha fallado por muchos años, pero creo fundamental que éste sea un tema de discusión en nuestras casas, en reuniones, en nuestros trabajos, para que sea otro de esos cambios que forcemos desde la base. ¿Qué debemos exigir?, tan sencillo como una política monetaria que nos garantice baja inflación y tasas de ahorro que sean iguales o mayores a esa inflación. ¿Imposible? No, no creo. Desde que Maickel Melamed logró lo que logró, el concepto de imposible cambió para todos los venezolanos….

Por: Henkel García

Fuente: RunRun.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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